Hacer vino es un arte antiquísimo. Es una sabiduría que nos llega a través de los pueblos del Lacio, que se encarna en España, reverdece en Francia, llegando hasta el meridión germánico. En tierra Argentina se renueva a través de la tradición europea.
Así nace la casa FLORIO, fundada por Antonio Florio en 1912, trayendo el arte del buen vino en la sangre y reiniciando el rito de la vid bajo el sol argentino en los viñedos de Maipú, en la provincia de Mendoza. Cargadas de experiencia, en nuestras bodegas este arte se transmite de generación en generación. Porque en FLORIO hacer vinos finos es una vieja tradición familiar, un orgullo ligado al nombre.
De esa tradición, nacen vinos de cepa, paladar y prestancia, como el MALBEC. De solera española, vinos de bien ganado prestigio como el OPORTO y el MARSALA.
Hacer un buen vino es fruto del amor y del tiempo. Es el resultado de la exacta maduración de las uvas, del reposo en nobles toneles, para luego encarnarse en los tintos, y agradecer en la copa.
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